El amor no tiene límites en el Hogar del Siervo Sufriente

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El amor no tiene límites en el Hogar del Siervo Sufriente

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Natabuela.- “No puedo hacerlo todo, pero todo lo que hago puedo hacerlo con amor”, este mensaje lo tiene muy claro Teresa Rivera desde hace 18 años tiempo en el que se dedica al cuidado de personas abandonadas. Les brinda techo, alimentación, amor y protección en el Hogar del Siervo Sufriente.    

Voluntad. No recibe recursos económicos de ningún organismo del Estado, solo la solidaridad de personas de buen corazón. Su ayuda es por amor a los abandonados, algunos de ellos enfermos y con discapacidad, que han sido olvidados por sus familiares. El Municipio de Antonio Ante aporta con una persona que ayuda con actividades en el hogar.

Realidades. Mónica Bayas tiene 40 años de edad, durante un largo tiempo se la observaba en Ibarra caminando por las calles con su padre, en condición de indigentes.
Un grupo de mujeres y los padres agustinos llevaron a Mónica al Hogar del Siervo Sufriente, cuando su padre falleció, el 18 de agosto de 2016.  
La acogieron con cariño.
Mónica Elizabeth padece de esquizofrenia, cuando llegó no tenía ningún tipo de medicina ni terapia. Actualmente, gracias a la ayuda de Teresa, cuenta con un tratamiento gratuito que le brinda el psiquiatra Germánico Merino en una clínica privada de Ibarra.
Para las medicinas, aunque no es suficiente, se ayudan con los 50 dólares que recibe mensualmente del Bono de Desarrollo Humano.
Mónica presenta un progreso en su mejoría, ayuda a realizar las labores en el hogar.


“Estamos en manos de la solidaridad de la comunidad, la ropita y la comida nos comparten y tenemos un huerto que es nuestra fuente de vida”, expresa Teresa.
La casa en la que funciona el hogar Teresa la heredó de su padre.
“La gente que ha llegado aquí, viene totalmente desfigurada y luego va apareciendo la alegría en su rostro. Hasta quienes han muerto, pienso que lo hicieron en paz y amando la vida”.

Todos están abandonados, tal vez tengan familiares, pero son rechazados.

Teresa decidió ir por el camino de la ayuda a los desposeídos, dice que desde joven le ha conmovido la vida de Jesús, su misión, el ejemplo que nos ha dado. “Me llama mucho la atención su amor tan grande, hasta el extremo, cuando dice que amen a su prójimo como a ustedes mismos y luego lo afirma más cuando dice ámenlos como yo los he amado”. El mensaje está muy claro para ella.

“Viendo a las personas tan sufridas con quienes yo comparto, creo que su vocación no es la de ser eternamente pisados, ellos son generadores de paz, de alegría, de esperanza...”


Al hogar llegan personas con historias duras, como la de Bienvenida, una mujer a la que un grupo de religiosas dejó en el hogar. Llegaron desde la Costa. Tenía un problema mental.
Bienvenida más de una vez tomaba una maleta y decía que se iría en busca de su hija.
La salud de Bienvenida se complicaba y Teresa inició la búsqueda de la hija que la mujer anhelaba ver. El encuentro llegó, pero a Teresa le impactó el trato que Bienvenida recibió por parte de su hija, que solo fue de reproche. “Tuve que retirar a la hija, ella lloraba para no llevar a su madre. Nosotros pensamos que iba a ser un momento de reconciliación, pero no fue así”.
“Cuando yo le ayudaba a morir, le decía que descanse en paz, que vaya con Dios, nosotros le queremos, no hay que esperar a nadie más”, ese es el mensaje de paz para Bienvenida, una paz que no tuvo con su hija.

Otro hombre llegó como desecho humano. Sufría de parálisis, su vida se consumía, resistía con fuerza. No quería morir, aunque su estado era crítico. Era algo que le hacía resistir y padecer.

Su nombre era Segundo. Tal vez quería ver a sus hijos que se olvidaron de él; lo abandonaron.

“Yo le dije don Segundo, no espere más a su familia; acéptenos a nosotros como su familia y vaya en paz, lo queremos y lo vamos a recordar. Dios le ama y nosotros también”. Luego de escuchar esas palabras, Segundo murió en paz, luego de un largo sufrimiento por no ver a sus hijos. También está Jorge Hernández, que necesita apoyo para trasladarse de un lugar a otro.

Durmió cuatro años en la intemperie en las afueras de un condominio en Ibarra, hasta que encontró abrigo en el Hogar del Siervo Sufriente. Son cuatro historias de las muchas que han dolido a Teresa, pero que han fortalecido su corazón para darles una vida digna.
Y nos despedimos, con un nudo en la garganta.  María Luisa nos da la bendición haciendo la señal con su mano. A ella le falta la voz, pero le sobra el amor para dar...

Todos podemos ayudar

Si usted desea apoyar puede hacerlo con panela, aceite de oliva, manteca de coco, papas, trigo pelado, mote, quinua,  pues la alimentación es balanceada para prevenir enfermedades. También puede colaborar con ropa usada en buen estado. El Hogar del Siervo Sufriente está ubicado en Natabuela, a la altura de la autovía, de norte a sur, se encuentra una cuadra antes de las Fritadas Amazonas. Puede guiarse por una bandera blanca que está en el ingreso.  

En un espacio del Hogar del Siervo Sufriente está la venta de manualidades, desde un dólar a cinco dólares. Con su venta se ayudan para obtener recursos económicos.