El otro lado de la muerte, desde la cosmovisión indígena

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El otro lado de la muerte, desde la cosmovisión indígena

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Otavalo.- Las costumbres indígenas también incluyen ritos, oraciones y la colocación de alimentos en honor a los que ya partieron todavía se celebran en comunidades autóctonas del Ecuador.


Lo que para los mestizos puede ser una fecha de dolor y nostalgia, para el Pueblo Kichwa es una fiesta. El 1 de noviembre, Día de los Difuntos se celebra de manera distinta.
La jornada empieza desde las 04:00 con los baños de florecimiento y limpiezas. Compartir bebidas y alimentos, limpiar las tumbas, rezar y cantar son algunas de las tradiciones comunes entre las comunidades indígenas de la Sierra.

Sentimiento. “La fecha es importante para nosotros como indígenas. Cuando nos llega la muerte, despedimos al difunto con cantos, música y juegos tradicionales. El velatorio dura tres días. Así lo hacían nuestros abuelos, que nos explicaban que el alma no muere. Solo pasa del mundo material al espiritual”, comentó German Santellán, Líder Kichwa de Otavalo, de la comunidad de Agato, quien ayer llegó con su familia hasta el Cementerio Indígena para limpiar la tumba de sus padres. La comida no puede faltar. José Morales, presidente de la administración del Cementerio de Indígenas cree que la muerte es un momento donde el alma se adelanta donde el creador. Para este feriado se espera la visita de unas 50 mil personas.

Actividades. Las vigilias en los cementerios marcan las noches y madrugadas del 1 y 2 de noviembre en muchos poblados. Para los indígenas la muerte no significa el fin de la existencia sino el paso a otra etapa de la vida. Esta creencia motiva costumbres como la de escribir cartas contándole al fallecido todo lo que ha sucedido.

Expectativa. La intención es que el difunto sea parte del presente, hacerlo sentir a gusto. Por ello la música y la comida no faltan en esta celebración. Los cementerios se repletan de gente que lleva viandas con los platos preferidos del difunto y guitarristas que entonan las que eran sus melodías favoritas.
En esta celebración aparecen personajes como el Ángel Kalpay, quien es un hombre que reza desde las comunidades como en el cementerio.


De acuerdo con la cosmovisión andina, durante su visita, Ángel Kalpay dirige los rezos del padrenuestro y las avemarías. Su finalidad es pedir por el alma del difunto y el bienestar de los miembros de la familia. Por ello su principal obligación es anunciar que llegó el día de los muertos.
Previamente, el interlocutor arriba a los domicilios y cementerios haciendo sonar una pesada campana de bronce. Como muestra de agradecimiento, los deudos entregan alimentos y frutas, como: pan plátanos, naranjas, mandarinas, papas cocinadas y cuy entre otros alimentos.

Tradición y respeto. “Hay personas que piden al sabio rezador que les acompañe por más ocasiones en sus casas por las necesidades que tienen para que interceda por paz, tranquilidad, fortaleza y pedidos materiales y espirituales que no haya en casa”, comenta Alberto Cachimuel, sabio kichwa de 62 años quien ha mantenido la tradición viva durante los últimos años. Sus padres y dos hermanos fallecieron hace más de 20 años en Otavalo.

Dos cementerios y dos formas de abordar y asumir la muerte y diferentes ritos para despedir a los seres queridos que fallecieron. Aunque en el cantón los indígenas conviven con los mestizos en armonía, al momento de morir, cada uno es enterrado en un cementerio distinto. Es por ello que en el proyecto de ampliación del Cementerio de Indígenas es lograr una fusión entre los dos escenario, para dar un mejor servicio.