En comunidad Pusir Grande le ponen fe al proyecto artesanal

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En comunidad Pusir Grande le ponen fe al proyecto artesanal

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“En Pusir hace falta todo, especialmente no hay trabajo y nosotros lo necesitamos para poder salir adelante”, manifiesta Yolanda Salcedo, de 38 años.


Además de fuentes de trabajo, Yolanda manifiesta que es necesario una mayor preocupación de las autoridades en el tema sanitario. “Tomamos agua del río, porque ni siquiera agua potable tenemos”, lamenta.
Ella es parte de las 20 mujeres del grupo Nueva Esperanza, organización que espera hacer de la artesanía una fuente importante de trabajo en vista de que la agricultura ya no es una garantía para el sustento económico de las familias en Pusir Grande.


La comunidad está ubicada a 40 minutos de Ibarra, pertenece al cantón Bolívar, provincia del Carchi.
Nueva Esperanza cuenta con el apoyo del Fondo Ecuatoriano Populorum Progessio, FEPP, y Ayuda en Acción, a través del proyecto Área de Desarrollo Territorial Chota - Mira.


Diego Cabezas, coordinador del proyecto, manifiesta que lo que se busca es dinamizar las economías locales, para que los ingresos en la comunidad no dependan solo de la agricultura.
En la comunidad las mujeres se capacitaron en la elaboración de artesanías, específicamente bisuterías como aretes, collares y pulseras elaboradas con materia prima natural, como semillas, para generar ingresos económicos a sus hogares.
El grupo de mujeres Pacha Calera, de Cotacachi, se encargó de la capacitación en Pusir Grande. 

Las mujeres esperan aumentar sus creaciones y venderlas en el Carnaval Coangue.
La posibilidad es seguir apoyando en materia prima, capacitación y generación de una marca de identificación de la cultura afroecuatoriana para tener acogida a través de mercado solidario.
Celia Arce, a sus 65 años de edad, mira en el proyecto artesanal una fuente de trabajo en la que puede colaborar sin problemas.


Es madre de 13 hijos a los que sacó adelante con el trabajo en la agricultura, cosechando fréjol, tomate, pimiento, yuca y otros productos que vendía en los mercados.
Pero, el panorama ya no es alentador en el campo por lo que ve en la artesanía una buena oportunidad.


Emocionada, Celia ayer participó de la clausura del curso en el que aprendió a elaborar bisuterías vistosas.
Con su pañuelo, su falda plisada, su vestimenta típica, colgaba orgullosa en su cuello los collares que elaboró.
Desde adolescentes de 14 años hasta mujeres como Celia, con más de seis décadas de vida, tienen la esperanza en un proyecto que favorezca a la comunidad y a su gente.