Mientras millones de católicos conmemoran la muerte y resurrección de Cristo durante la Semana Santa, la comunidad judía celebra simultáneamente el Pésaj, una festividad milenaria con raíces y significados propios. El Pésaj recuerda la liberación del pueblo israelita de la esclavitud en Egipto. Su celebración central es el Séder, una cena ritual donde cada alimento cuenta una historia: las hierbas amargas simbolizan el sufrimiento, la matzá representa la prisa de la huida, y el haroset evoca el mortero de la esclavitud. A diferencia de la Semana Santa católica, marcada por procesiones y reflexión espiritual cristiana, el Pésaj se vive principalmente en familia, alrededor de la mesa, con lecturas, canciones y tradiciones transmitidas por generaciones. Dos celebraciones distintas, un mismo tiempo del año, recordándonos que la fe tiene muchos rostros y que la libertad es un valor universal y las tradiciones su pan de cada día.