La semana concluye con hechos lamentables que deberían causar preocupación en la población imbabureña, por sus características y porque al parecer ya no conmueven. Casos como el secuestro de una pareja por robo, abandonados posteriormente en una fosa se han vuelto parte del espacio cotidiano de la crónica roja. Ya no se habla con preocupación. No se indignan, cuando escuchan casos de violencia intrafamiliar, que desencadena la muerte de dos infantes a día seguido. Ya no se manifiestan en las calles cuando se violan los derechos humanos, ni se sorprenden cuando les dictan medidas cautelares a los agresores y delincuentes. Pero sí se manda a la cárcel a los inocentes. Que no nos gane el conformismo. La sociedad no se vuelve más violenta… se vuelve muerta en vida. Es como un paciente que ya no siente dolor porque le inyectaron anestesia total. No grita, no se queja, pero se está desangrando. Que no nos pase a nosotros.