Canto ancestral en la final del Festival Nacional de la Canción Ecuador
¿Puede una canción convertirse en un puente entre la Antártida, la Sierra y la Amazonía ecuatoriana? Mishki Razu, tema inédito de Mayra Estévez y Linda Pichamba, finalista del Festival Nacional de la Canción, demuestra que sí.
El 26 de junio, la obra musical será presentada en el teatro Benjamín Carrión Mora durante la final del evento que se desarrolla en Loja.
El inicio del canto a la naturaleza
En 2024, cuando Mayra se contactó con Linda para musicalizar la investigación científica que emprendió en la Antártida, no se imaginaron que la obra llegaría a este escenario que visibiliza el talento ecuatoriano.
En su viaje a la Antártida, la artista e investigadora Mayra Estévez recopiló al menos 5.600 archivos sonoros y visuales.
Bajo la premisa de la conexión existente entre el ‘continente blanco’ y los sistemas geográficos de los Andes y la Amazonía a través del clima global, Mishki Razu emerge como una reflexión desde las artes sobre cómo este territorio es el “corazón palpitante de la tierra”.
“Lo que yo hago es entender la Antártida como este motor que vincula la totalidad del clima global, que científicamente está, pero no está narrativamente ligado”, explicó Estévez, docente de la Universidad de las Artes en Guayaquil.
Viaje musical entre géneros
La artista kichwa representará a Imbabura en el Festival Nacional de la Canción con el tema “Mishki Razu”.
Con el objetivo de dotar a la canción de elementos musicales y sonoros propios de la región, Linda Pichamba, reconocida artista de Peguche, creó la composición musical enriquecida de sonidos ancestrales.
Es así que la pieza se convierte en un viaje musical que representa distintos momentos de la historia. Parte con un yaraví, uno de los géneros más antiguos del Ecuador, asociado a la ritualidad y la conexión con la naturaleza, explicó la compositora. Esta primera parte simboliza a la Antártida.
Posteriormente, transita hacia el huayno, género que evoca las tradiciones culturales de los Andes, profundizando en la relación de las comunidades con el agua.
La composición incorpora fragmentos de cantos libres inspirados en los arrullos tradicionales que las madres entonan para acompañar el nacimiento o despedir a los niños fallecidos.
Finalmente, la obra alcanza su punto culminante con el yumbo, asociado a la fuerza, la resistencia y la defensa del territorio. En esta parte, la canción se convierte en un llamado colectivo a proteger los recursos naturales.
Un proceso de traducción y memoria
Además, en este proceso tomó el reto de traducir la poesía original al kichwa. Según explicó, fue más que solo trasladar las palabras de un idioma a otro, sino que buscó conservar la profundidad emocional y espiritual del texto.
La artista dedicó varios días a estudiar cuidadosamente el significado de cada verso para encontrar expresiones que transmitieran en kichwa la misma fuerza poética del original.
Tanto Estévez como Pichamba coinciden en que el principal propósito de la obra es despertar sensibilidad y conciencia sobre la relación entre los seres humanos y la naturaleza