Un olor a llanta quemada que se mezclaba con el aroma de los árboles de eucalipto, que se encontraban tendidos en la Panamericana E35, fue percibido por quienes se movilizaban, ya sea caminando o en bicicleta, por las vías bloqueadas, durante el 22 de septiembre.
Bloqueo de las vías
De Ibarra a Atuntaqui se mantuvo la circulación normal de vehículos, hasta antes del mediodía, aunque estos fueron escasos, dejando a la Panamericana desierta. A partir de San Roque, las vías en el sentido norte y sur fueron deshabilitadas. Los manifestantes de las comunidades aledañas con piedras, troncos de árboles, tierra y llantas cerraron el paso para los vehículos, no solo en la E35, sino también en las vías alternas.
Movilidad en la paralización
A más de un kilómetro de distancia para llegar al peaje de San Roque era la última parada con vehículos, para quienes tenían que ir hacia el sur de la provincia o a Quito.
Ese fue el caso de un grupo de personas que viajó desde San Gabriel hasta Ibarra, pero con destino a la capital. Con maletas en mano y haciendo una parada para descansar de la caminata, indicaron que avanzaron hasta esta parroquia de Antonio Ante en taxi, pagando un valor de USD 8. Desde ahí, tendrían que caminar hasta lograr encontrar una forma de llegar a su meta.
Otros decidieron usar sus bicicletas para cruzar por las zonas bloqueadas, pero para quienes transitaban a pie, hubo otras opciones como mototaxis. Por un valor de entre USD 4 y USD 5, ofrecían llevar a los transeúntes desde San Roque hasta el centro de Otavalo.
Zona de enfrentamientos
El olor del humo de las llantas no fue lo único que se sintió. Llegando a Pinsaquí un leve ardor en la nariz, ojos y garganta dejó rastros del enfrentamiento entre las comunidades y la fuerza pública.
En otras zonas, como Peguche, Huaycopungo y en el partidero a Cotacachi, también hubo confrontaciones.