Doña Esthelita arma cada año un gigantesco pesebre

Maravillados se quedan quienes han tenido la oportunidad de ingresar al hogar de la familia Salas Usiña. Subir al segundo piso de su casa es transportarse a un mundo imaginario y donde observa que la fe sigue inquebrantable. Ellos cuentan con un gigantesco pesebre y la principal protagonista es doña Esthelita.

Ella, quien es una modista de profesión, durante dos meses y cumpliendo con una jornada de mínimo 8 horas diarias, se encarga de armar un gigantesco pesebre.

En su obra, también aprovecha para representar parte de la belleza arquitectónica y natural de la capital imbabureña y, además, de otros rincones de la provincia de Imbabura. Por ejemplo: las réplicas exactas de las iglesias de San Agustín y Santo Domingo, San Miguel Arcángel, el río Tahuando y la laguna de Yahuarcocha.

Cuando mira su obra de arte, no puede evitar emocionarse y con lágrimas relata: “Mis padres, que en paz descansen, nos han inculcado esta fe tan grande, como es el amor a nuestro Niño Jesús”.

“Cada año, el pesebre ha ido creciendo. Cuando mis hijos tienen la oportunidad de salir de viaje no les pido nada para mí, sino para el pesebre. También tengo amistades que han tenido la buena voluntad de obsequiarme algún artículo para el pesebre. Por ese motivo y gracias a ellos, tengo la bendición de contar con piezas que han venido de diferentes partes del Ecuador y de varios países del mundo como Colombia, Alemania, México, España, Japón, Estados Unidos, entre otros”, mencionó doña Esthelita.

Para armar su muy original pesebre y que todo esté listo para la primera semana de cada diciembre, la ciudadana ibarreña cada octubre arranca con un trabajo muy minucioso. Pide ayuda a sus hijos o a su esposo únicamente cuando se trata de mover alguna pesada estructura. Pero del resto, como, por ejemplo: donde va situada cada luz, figura, imagen, artículo u otro tipo de detalle, es netamente trabajo de Esthelita.

“Han existido ocasiones. Digamos, cuando estoy trasladándome desde el centro de Ibarra hasta mi domicilio, me pongo a pensar: cómo o de qué forma voy a amar el pesebre. Y en las noches sueño y en el sueño observo que subo y que el pesebre ya está armado. Entonces, lo armo tal cual a cómo lo veo en el sueño”, mencionó quien también inculca a sus hijos y nietos esta tradición familiar.

Por otro lado, una vez que el pesebre está armado, la ciudadana y su familia tienen la costumbre de rezar la Novena.

Don Eduardo Salas es el esposo y compañero de vida de doña Esthelita Usiña. Mientras relataba el amor y la paciencia con la que su esposa arma el gigantesco y llamativo pesebre, no pudo evitar que las lágrimas caigan de sus ojos y rueden por sus mejillas. “Estoy muy orgulloso de lo que mi esposa realiza. Uno le trata de ayudar, pero en el tema del pesebre solo ella sabe lo que hace. Pero uno tiene que ayudar y cuando toca la cocina, si toca cocinar, pues me toca cocinar”, sentenció don Eduardo.

“Para mí es un ejemplo muy grande y tengo una admiración total para mí madre. En primer lugar, por la profesión que tiene mi mami, ya que siendo modista tiene la habilidad en las manos”, mencionó Evelyn Salas, una de las hijas de la artesana. Añadió que lo que hace su madre es un gran acto de fe.

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