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miércoles, 12 junio 2024
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Doña María y su dulce tradición

María
María Tapia lleva más de 50 años vendiendo “Cosas Secas” o “Dulces de Corpus”. Dijo que su receta es única y es un secreto.
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A un costado de la iglesia de San Antonio de Ibarra, todos los fines de semana, María Tapia, de 83 años, coloca su puesto de “Cosas Secas” o “Dulces de Corpus” que son dulces tradicionales de la parroquia. Panuchas, rosquetes, suspiros y mojicones son los deliciosos bocadillos que  prepara Doña María, cuenta que lleva 50 años en este negocio, incluso, tiempo atrás, distribuía los postrecitos a varias tiendas del sector. 

Su historia de vida

 No quiso compartir la receta de sus postres, asegura que su sabor es inigualable, ahora, a pesar de su edad, todavía tiene la fuerza para seguir con esta tradición, cuenta con el apoyo de su hija, pero el toque final lo pone Doña María. 

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¿Quién le enseñó a preparar estos bocaditos? Doña María con sonriendo dice que aprendió sola, equivocándose, repitiendo una y mil veces las recetas, hasta lograr la perfección. “Inventé las recetas, dañando aprendí, todo es difícil, pero intenté de varios modos y ahora es mi forma de vivir”, señala Doña María. Asegura que los ingredientes principales son mantequilla, huevos, panela y más, no tienen ningún aditivo artificial.

Comenta que tras el cierre de varias tiendas, perdió clientela, desde los años 80, vende sus dulces a la entrada la iglesia. Doña María, en esta fecha, se prepara para hornear más de 200 funditas, pues la siguiente semana, se realizarán las Fiestas del Corpus, luego de la procesión – dice Doña María – lo tradicional es consumir estos deliciosos bocaditos de azúcar y miel de panela. 

Sabor que seduce

 Mariana Pérez es una turista quiteña, que aprovecha cada feriado para visitar este Pueblo Mágico, comenta que no puede regresar a la ciudad capital sin degustar los “Dulces de Corpus”. La joven madre comenta que el sabor de los dulces de Doña María son únicos y que le recuerdan su infancia, puesto que su abuela era de San Antonio. 

La funda de dulces que vende Doña María tienen tiene un costo de un dólar, todos los fines de semana coloca su puesto a las afueras de la iglesia. Un banco de madera y otro de plástico son las herramientas de trabajo de Doña María, quien atiende siempre con una dulce sonrisa.