Los cronistas e historiadores hablan de Imbayas, Caras, Caranquis y del Reino de Quito; y a su tiempo, escribieron en detalle cual era la composición arquitectónica del Centro Imperial de Caranqui. Allí donde nació Atahualpa, el hijo del Inca Huayna Cápac y la princesa Paccha Duchicela.
Según el historiador Enrique Ayala Mora en referencia a Espinoza Soriano, “Atahualpa vivió en su nativa Carangue y fue un gran líder”, el último de los emperadores y eje militar del imperio del Tahuantinsuyo.
En la actualidad, localizado en una calle que lleva el nombre de la madre de aquel bravo caranqui se encuentran el Inka Wasi, (baño del inca) parte de los vestigios más septentrionales del Tahuantinsuyo. Alli donde el tiempo no tuvo celemencia, sigue muriendo uno de los mayores descubrimientos arqueológicos de la Sierra norte.
Las “Tolas perdidas”
Pero si estas piscinas incas están olvidades, que decir de las tolas perdidas de Caranqui, detrás de los tanques de Emapa-I. Un sitio que tiene un significado ceremonial profundo, pero que parece refugio de trasnochadores y personas de calle.
La palabra “tola” no pertenece al léxico español ni al quichua, parece más bien ser un vocablo de la población aborigen de la sierra norte y significaría “hueco de paz”. Pudieron haber servido como plataformas para estructuras grandes con techos, propios para residencias temporales, sitios de vigilacia o lugares de culto y adoración.
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