La partida de Marco Proaño Maya deja un espacio vacío en la vida política ecuatoriana. Otavalo, Imbabura y todo el país lamentan la pérdida de quien dedicó su existencia al servicio público con inquebrantable dignidad. Durante décadas, Proaño Maya fue voz de los olvidados, especialmente de los jubilados que encontraron en él, un defensor incansable. Su paso por el Congreso Nacional en seis ocasiones demostró que la política también puede ejercerse con ética, honor y constancia. Desde hoy se recordará al académico brillante, al jurista respetado, al compañero leal de Jaime Roldós; pero sobre todo, al hombre íntegro que nunca traicionó sus principios. A su familia, no queda más que expresar las más sentidas condolencias. El dolor de perder a un padre, a un ejemplo de vida, es inconmensurable. Que su legado inspire a las nuevas generaciones a ejercer la política con la misma pasión, honestidad y compromiso social que él demostró hasta sus últimos días.
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