El 2 de noviembre se vivió desde lo ritual y ancestral

A pesar de que el 2 de noviembre no fue un día de descanso, sino, laboral, los cementerios cantonales tuvieron un alto número de visitas. La ritualidad del Día de los Difuntos se vivió intensamente en la provincia de Imbabura. Las costumbres ancestrales estuvieron presentes y los ritos del pueblo mestizo se manifestaron como cada año. Fue común observar, a familias enteras frente a las tumbas y nichos de sus seres queridos, rezos, lágrimas, alimentos fueron parte de la jornada.

La celebración de los Días de los Difuntos en el cantón Antonio Ante, precisamente, en Atuntaqui, se vive desde el 1 de noviembre, cientos de personas se reúnen en el cementerio antiguo de Santa Martha, en horas de la noche para visitar a sus seres queridos.

Al ingresar al campo santo, al pie de las tumbas y sobre los nichos, se colocaron velas encendidas, flores, coronas y tarjetas que decoraban estos espacios, que sobresalían en la oscuridad.

Con delicadeza, Esperanza Imbaquingo arreglaba la tumba de su padre, el reloj marcaba las 19:30, a su alrededor se encontraba su familia, quienes miraban con profundidad la llama de las velas encendidas. “Desde niña, mis padres nos traían al cementerio por las noches, es parte de nuestra cultura anteña, es una antesala al 2 de noviembre, el día que las almas nos visitan”, comentó la mujer.

A pocos metros, se encontraba la familia Lema, ellos viven en la parroquia de Andrade Marín, esa noche fueron a “reecontrarse con su madre”. La familia mantiene viva las tradiciones ancestrales de las comunidades indígenas. Mariela Lema de un canasto sacó un olla con colada morada, de otro un pequeño pan de harina de trigo, con cariño deposita los alimentos al pie de la cruz de la tumba de su madre, reza y comparte la comida con el resto de la familia, entre ellos su padre Rafael Lema, quien, comentó que las almitas, se hacen sentir “Yo le sueño a mi esposa,, eso significa que algo quiere, por eso venimos siempre”, señaló.

La ritualidad en Cotacachi está ligada a la interculturalidad, en el cementerio Central de la ciudad, las comunidades indígenas se congregan para compartir con sus difuntos. A lo largo de la calle, se puede visualizar a hombres y mujeres indígenas llevando canastos de comida, además, de adornos y flores.

La particularidad de este ritual es que la mayoría de los difuntos están enterrados en el suelo, más no en nichos. Ahí, las familias, se sientan y abren sus rebozos llenos de alimentos, de tumba a tumba se ve un ir y venir de platos llenos de comida como: papas con pepa de zambo, con berro, mote, fréjol, pan de figura de tortolita y coladas.

Dina Peña Quishpe, moradora de Cotacachi, explicó que es una tradición que llevan varias generaciones “venimos al cementerio para tener una conexión con las almitas, volver a reencontrarnos con la energía espiritual de nuestros familiares, para ello traemos comida para compartir, es una bonita forma de mostrar comunidad”. Es este cementerio, los rezos eran acompañados por la música del arpa, por los rezadores o “ángel calpai”.