Fidel, un líder que nació y se proyectó desde Rancho Chico

Fidel Castro Ortiz se maneja de perfil bajo. Es amable, tranquilo y soñador. Quizás esta última característica es la que más lo identifica. Nació un 5 de diciembre de 1968 en la comunidad de Rancho Chico, parroquia de Ambuquí al norte de Ibarra.

Fue desde aquí donde empezó su lucha. Al igual que su homónimo cubano en su momento, Castro busca una mejora comunitaria, donde prime el bien colectivo, sobre el individual.
Fue así que empezó a luchar por mejorar las condiciones de vida de su comunidad.

Rancho Chico, al igual que varios sectores de la ciudad, siempre fueron descuidadas por las autoridades de turno, sin embargo, eso no lo desanimó. “Gracias a un proyecto de Visión Mundial pudimos conseguir muchas cosas en beneficio de la población”, dijo con la tranquilidad del caso.

Fue la ONG la que marcó el punto de partida. Sin saberlo, Fidel, fue quien los llevó a la comunidad.

Era marzo de 1993 cuando por cosas del destino se encontró con Enrique Franco. “Estaba trabajando en la comunidad cuando lo conocí. Él, se movilizaba en una moto y estaba buscando niños para ejecutar un proyecto con Visión Mundial. Me dijo que necesitaba 300 y yo se los conseguí, pues ya estábamos trabajando en las comunidades con Flandes Ibarra”, contó.

Sin saberlo fue en este momento donde empezó a cambiar todo a favor no solo de él, sino de todas las familias de la Unión Cochampaba.

 

Junto a Fidel, aparecieron otros líderes comunitarios que ayudaron a cambiar la mentalidad de los comuneros. Flandes Ibarra, Elías Sánchez, Joaquín Plascencia, Avelino Farinango, Alfonso Castro, Manuel Urcuango, Rosa María Castro, Juan Anrango y Marcelo Gómez fueron entre otros las personas que ayudaron para mejora lo que hoy se conoce como la Unión Cochapamba.

“Visión Mundial es una luz en la oscuridad nuestra. Visión Mundial, nos permitió ser lo que hoy somos”, lo afirma con la sencillez del caso. Ese encuentro fortuito con Enrique Franco, marcó un antes y un después, no solo en su vida, sino en todos los líderes de la época.

Los proyectos de ayuda social que ejecutaron con la ONG, la formación dirigencial, academia y personal, se fue replicando en todo el sector, logrando cambiar la mentalidad.

El trabajo comunitario rindió sus frutos rápidamente. Con 37 millones de sucres que les llegaron, crearon un fondo de Crédito Rotativo que fue invertido en cabezas de ganado y yuntas para mejorar la actividad agrícola. Eran finales de los 90 y las mejoras en territorio ya se notaban.

Fidel dejó de ser un presidente de la Unión Cochapamba, para ser el Coordinador del Proyecto de Visión Mundial en el territorio. “En nuestro primer plan estratégico planificamos el apoyo a la educación y salud”, lo recuerda con lujo de detalles.

Todo este Plan de Desarrollo Estratégico se lo proyecto a 20 años. “La gente pedía carreteras, ¡Hoy las tenemos!. Pedían un colegio y hospital. ¡Hoy ya lo tenemos!. Aunque faltan muchas cosas, sé que sí llegamos a la Junta Parroquial de Ambuquí, las cumpliremos”, puntualizó el líder comunitario.

En lo personal, Fidel está casado con Nelly Pozo, tiene tres hijos. Magaly, María Belén y Rommel Castro Pozo. Es el octavo hijo de 10 hermanos de la familia Castro-Ortiz. Sus padres, Manuel Castro (+) y Victoria, le inculcaron desde pequeño ese amor por el campo y esa virtud de siempre buscar lo mejor para todos.

“El mejor consejero y psicólogo que antes podíamos tener era un lacial”, recuerda con risas. A pesar de que tenía muchas necesidades en la comunidad, vivió feliz. “No teníamos luz, el agua teníamos que traer del río. Mis juguetes eran las tuzas y las piedras”, lo dice con la sencillez del caso.