Las primeras semanas de 2026 la violencia no han cedido: sicariatos, secuestros y asaltos armados se multiplican. Niños, adultos mayores, estudiantes, todos ya no pueden caminar sin el temor a ser víctimas de la delincuencia. El pasado 13 de febrero cientos de habitantes de Ibarra marcharon exigiendo seguridad. Cada homicidio deja familias destruidas, comercios cerrados y una ciudad que ya no parece ser a la que siempre se vuelve.
No es percepción, tampoco exageración, nadie se siente seguro o segura. Ni en el día, peor en la noche. El problema es claro: el crimen organizado (narcotráfico, minería ilegal y extorsiones) ha encontrado en Ibarra un territorio estratégico. La Policía hace un esfuerzo diario, los jueces buscan herramientas adecuadas para el debido proceso y los ciudadanos deben romper el miedo y denunciar.
La solución no está en más operativos aislados, o reformas aisladas. En todos está la tarea de volvernos una ciudad de paz.
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