La celebración del Día de los Inocentes (28 de diciembre) representa una peculiar paradoja en nuestra sociedad: una fecha que nace de un episodio trágico bíblico se ha transformado en un día de bromas y risas. Esta dualidad merece una reflexión profunda sobre cómo los significados culturales evolucionan a través del tiempo.
La historia original, que relata la masacre ordenada por Herodes contra los niños de Belén, contrasta dramáticamente con la actual costumbre de gastar bromas y difundir noticias falsas. Esta transformación refleja la capacidad humana de resignificar eventos históricos, aunque también plantea interrogantes sobre la trivialización de acontecimientos históricos trágicos.
En la era digital, donde las “fake news” representan una amenaza constante a la verdad, resulta paradójico que dediquemos un día entero a la desinformación deliberada. Es momento de encontrar un sano equilibrio.
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