Los vínculos documentados entre el Cártel Jalisco Nueva Generación y estructuras criminales locales como: ‘Los Lobos’, ‘Los Tiguerones’, ‘Chone Killers’; revelan que el país no es un observador pasivo del narcotráfico internacional, sino una pieza activa dentro de sus redes logísticas y financieras. Este reacomodo geopolítico del crimen organizado debería encender alarmas institucionales. Cuando una figura de esa envergadura desaparece del tablero, las alianzas se reconfiguran, los territorios se disputan y la violencia escala. Ecuador, por su posición geográfica y sus economías ilícitas asentadas en zonas costeras estratégicas, ofrece condiciones propicias para ese reacomodo. El Estado no puede permitirse reaccionar tarde. La inteligencia, la cooperación regional y las políticas de seguridad deben anticiparse a los movimientos, no perseguirlos. Estar en el radar del narco global tiene consecuencias.
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