La Feria Internacional del Libro de Quito, un evento esperado por muchos lectores y gestores del arte y la cultura ha dividido más al Municipio de Quito (otrora organizador) y al Gobierno, en otro de tantos frentes. Eso resulta un riesgo porque el arte no puede ser una bandera política, ni motivo para ganar o restar adeptos. La decisión del Gobierno de apoyar a la realización de la feria resulta acertada, pero con cierto recelo. El Estado se contradice cuando admite que la feria busca fortalecer el ecosistema editorial, promover el acceso a contenidos culturales y dinamizar la economía creativa, y al mismo tiempo cerró el Ministerio de Cultura. Cuidado y se politiza este espacio. Esperemos que el Ejecutivo y la Cámara Ecuatoriana del Libro permitan la participación de escritores que no comulgan con su proyecto político; el mismo que ya ha demostrado poca apertura al diálogo. ¿Dónde está la academia, las editoriales, los gremios?…Es hora de tomar la posta.
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