La llegada de Marco Rubio a Quito no es una visita de cortesía, así lo consideran muchos analistas. Se trata del costo de una factura política. Estados Unidos quiere que Ecuador elija bando en el tablero geopolítico global, y Daniel Noboa parece dispuesto a pagar el precio. La agenda fue clara: menos China, más Washington. Menos autonomía, más dependencia. El gobierno ecuatoriano canceló viajes, cambió generales y abrió las puertas a deportados extranjeros. Todo para mostrar empatía ante un país, al que lo ha visitado más que otras naciones. Pero aquí está la pregunta incómoda: ¿qué gana realmente Ecuador? Los aranceles del 15% siguen ahí, los deportados también, y que decir de las condiciones de organismos multilaterales. Las promesas de cooperación suenan grandiosas, pero los compromisos concretos brillan por su ausencia. Noboa apuesta por la cercanía con Trump esperando dividendos económicos, pero a ¿qué costo?
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