Cada 29 de junio, Ecuador celebra el Día del Pescador con procesiones, gastronomía y reconocimientos institucionales. Sin embargo, este año la festividad llega cargada de una pregunta incómoda: ¿qué tan real es el respaldo del Estado hacia quienes alimentan al país desde el mar?
Las comunidades pesqueras de Manabí, Esmeraldas y Guayas enfrentan una amenaza que ninguna red puede contener: la delincuencia organizada que ha tomado sus costas, sus puertos y sus rutas de trabajo. Pescadores amenazados, embarcaciones extorsionadas, familias atemorizadas. El silencio institucional resulta inaceptable. Honrar a San Pedro y San Pablo no puede quedarse en un acto protocolario. Las autoridades locales y nacionales tienen una deuda concreta: presencia policial real, políticas de seguridad costera y escucha genuina a estas comunidades. Celebrar sin proteger no es homenaje. Es abandono disfrazado de fiesta.
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