Las universidades ecuatorianas están obligadas a reformular su visión. Si la misión ha sido graduar a profesionales que salen a buscar empleo, lo cual es muy difícil en las actuales circunstancias, el cambio debe ser de 180 grados. No se ha visto y peor concretado una sinergia entre la Academia y el sector privado, en donde, lógicamente, se necesita más ingenieros, más técnicos y menos abogados y economistas. Está claro que en nuestro país desde la formación técnica y tecnológica se requiere una nueva generación de personas que aporten a un desarrollo económico y social. A simple vista no hay una buena relación entre la Academia y el sector privado, pero ese divorcio debe terminarse.