Aunque casi nadie de los que viven en el norte del país lo creen -porque no hay un empoderamiento responsable- acá existe un potencial turístico impresionante, no solo por los recursos naturales que convirtieron a Imbabura en Geoparque Mundial de la UNESCO, sino por la calidad de su gente, variedad gastronómica, laboriosidad artesanal reconocida y la belleza de nuestros paisajes. Pero, se ha preguntado ¿qué está fallando? Es el pésimo trato al turista, porque no hay una identificación de ese potencial que se lo afecta por la falta de atención amable, con la falta de tolerancia ante las exigencias del cliente y por la falta de argumentos para convencerlo y contentarlo. ¡Hay que cambiar de actitud!