Las dantescas escenas que se viralizan en las redes sociales nos dejan, por decir lo menos, estupefactos. El común de los mortales se pregunta en qué momento quienes acribillan, asesinan y desbordan odio hasta la saciedad, dejaron de pensar en que la vida humana tiene valor y se merece respeto. Más allá de las circunstancias en que hombres o mujeres llegan a las cárceles por actos reñidos con la moral o la ley, está el tratamiento de los seres humanos para su rehabilitación, si es que se pudiera encontrar eso en los centros de privación de libertad. Lo que ha sucedido en una cárcel de Santo Domingo de los Tsáchilas es una muestra de que nos hemos deshumnanizado hasta lo incomprensible.