Lejos de producirse el ya “manoseado” reencuentro que ofertaba el Presidente de la República, nos damos cuenta que el tejido social del país está resquebrajado. No encontramos puntos de conexión entre todos. Pretendemos resolver los problemas a puñetazos, patadas, palos, piedras, disparos y bombas. Es urgente ir cediendo posiciones que nos están alejando. En lugar de un reencuentro estamos distanciándonos; ya no nos vemos como hermanos ecuatorianos, tras una misma causa, una misma meta que nos una y un propósito que privilegie nuestros esfuerzos y trabajo. Debemos volver a ese estadio lleno que es la Patria donde el único grito que se escuche es: “Ecuador, sí se puede”.