Ibarra, Ciudad Blanca a la que siempre se vuelve, cumple 416 años de Fundación española. Son tiempos para la reflexión, meditación y observación. Los procesos históricos se cumplen de acuerdo al trabajo de sus hijos, a la responsabilidad de quienes dirigen sus destinos y a la planificación existente para cumplir metas y objetivos que legítimamente se merece una ciudad acogedora, amable y digna de mejor suerte. Lastimosamente, las respuestas no han sido óptimas, los problemas solo se solucionan en discursos copiados, mientras la población evidencia frustración al ver que son otros los intereses de quienes ocupan funciones públicas pasajeras y no precisamente el desarrollo que debe priorizarse.