Si bien la Asamblea Nacional es un recinto eminentemente político, las actuaciones de ciertos “honorables” dejan mucho que desear. Al interior del recinto legislativo se priorizan temas que huelen a revanchismo, persecución y exagerada politización, dejando de lado el papel importante de la fiscalización que se requiere, sobre todo para destapar las graves acusaciones de cohecho, enriquecimiento ilícito, contratos truchos y el presunto desvío de fondos públicos en favor de ciertos privilegiados. Esas actuaciones de asambleístas que no tienen problema de obedecer consigas, agendas propias o tapar actos reñidos con la moral, es lo que resta la credibilidad de un organismo que le sigue debiendo al país.