Es admirable sentir cómo las pasiones se encienden y hacen perder el rumbo y la objetividad a ciertos manifestantes. Y lo peor es que hay personas vinculadas a la actividad política que azuzan para que el revanchismo prevalezca, el insulto se priorice y las amenazas sean el pan de cada día, según lo vemos en las protestas ¿pacíficas? Hay ciudadanos que buscan trabajar, porque de eso viven, hay personas humildes indígenas y mestizas también que viven de su actividad diaria para poder llevar el pan a sus hogares, pero ellos son impedidos de trabajar bajo la amenaza violenta de que van a saquear los negocios si no cierran sus puertas. ¿Qué les pasa, en que momento se perdió la sensatez y el respeto?