¿Cuánto les interesa velar por el buen nombre a los corruptos? Al parecer muy poco o nada. Las alegrías del momento, por lo general utilizando el poder y su acomodo económico y de sus cercanos, les hace perder la óptica y se convierten en oportunistas que suponen que es la chance para cometer las fechorías, porque quizá ya no tendrán otra. Lastimosamente en nuestro país, la compleja situación que ahora vivimos es producto de un penoso arrastre de años que la clase política, principalmente, no supo frenar a tiempo y dejó que el cáncer pulule por toda la sociedad, a todo nivel y por todo el cuerpo que está agonizante. Los de arriba y los de medio pelo han aprendido a ser expertos para delinquir.