Hoy más que nunca el papel de los buenos maestros, que en Ecuador son una gran mayoría, debe ponerse en práctica. Nuestra sociedad está en el cadalzo, agujereada por todo lado por las coimas, las desadministraciones de nuestros representantes en el sector público, la mentira, la injusticia, el robo, la violencia, la falta de pudores y de valores, pero sobre todo por el cáncer de la corrupción que ya no deja espacio para repensar en lo bueno que suponíamos existía para no morir. El maestro juega un papel importante para tratar de enderezar las cosas, de recomponer lo malo que nos está consumiendo como sociedad. El buen maestro es quizá el último rescoldo en quien confiar.