L a Policía Nacional del Ecuador está viviendo uno de sus peores momentos. Bastó la acción violenta de un mal elemento y el incumplimiento de otros, para que se trate de enlodar a toda la institución y se ponga en un mismo saco a todos, sin precisar que existen esfuerzos y una lucha permanente de excelentes uniformados para enfrentar los males que hoy la sociedad viene soportando. Este momento debe servir para que existan cambios profundos en la institucionalidad, en los procedimientos, normativas, formación académica, administrativa, cumplimiento estricto de deberes y obligaciones y, por supuesto, una depuración general de los malos uniformados que tanto daño la hacen.