Es cierto que nuestro país está siendo azotado por graves flagelos que nos atemorizan, desmotivan y nos inyectan pesimismo. La corrupción en primer lugar, luego la violencia y la inseguridad, le siguen coyunturalmente unas leyes y la justicia arrinconada contra las cuerdas por ciertos jueces indeseables que se han convertido en una de mercancía al mejor postor y a eso se suma, la falta de visión y acción de autoridades de todo nivel que no encuentran las fórmulas para que el pueblo recobre la fe en la buena política. No perdamos la esperanza de que se pueda enrumbar el camino, por ahora perdido, por el que deambula la patria. Es hora de certezas y de no equivocarse. Todavía estamos a tiempo.