La administración pública no requiere solo de aplicación de las normas, sino también de paciencia y sobre todo inteligencia para tomar decisiones. Obviamente, dependerá mucho de los objetivos de quien está al frente de la gestión. Claro, es lógico que si su meta es lograr cambios sustanciales para el mejoramiento de la calidad de vida de los ciudadanos, mantener y dimensionar la imagen de su ciudad o provincia y, si las medidas adoptadas pretenden aportar al desarrollo integral, va a tener éxito; pero si sus apetencias son personales y para ello tiene un “equipo” asesor que le miente y endiosa, no oxigena el mismo, simplemente con el pasar de los días se verán los grandes fracasos. Así de simple…