La campaña política que aun no arranca oficialmente, pero que ya está en marcha bajo la mirada del CNE, permite evidenciar a actores y candidatos que pueden atropelladamente conseguir sus objetivos, incluso renegando de partidos y movimientos políticos que antes defendieron a capa y espada. Hoy el accionar político ha cambiado. No hay dignidad en muchos de los candidatos que flamean banderas que antes criticaban y lo peor, siguen hablando en sus discursos simplones de principios, de ética, de honestidad y de trabajar “por el pueblo”. No son principios, son oportunismos que los ciudadanos deben identificar y no apoyar con su voto en las urnas el descalabro institucional posterior.