El conflicto entre Rusia y Ucrania no se limita a ver el poderío del primero y la fuerza de voluntad del segundo; tampoco el razonamiento solo está en decir que hay un antes y un después de la arremetida armamentista de un país a otro. Todo lo contrario, es imposible siquiera considerar que esta guerra regional podría transformarse en una guerra mundial de impensables consecuencias que van a marcar una huella profunda en la conciencia de las sociedades de hoy. Europa vive sus momentos más amargos con este conflicto y de por medio hay gente inocente, niños y mujeres que deben acostumbrarse al tronar de los tanques y las explosiones de las bombas. Alguien debe parar esta atrocidad.