En el país es recurrente que un escándalo tape a otro; que una acción delictiva tape a otra y que los amarres vergonzosos como los que ocurren en la Asamblea Nacional o en algunos concejos municipales se minimicen a cambio de prebendas, pactos o simplemente pago de favores. Son tan burdos algunos personajes y tan sin-vergüenza que niegan padre y madre ante el señalamiento, pero por debajo tranzan hábilmente -según ellos- lo que nunca quedará oculto para siempre. Una vez descubiertos se desesperan y tratan de que la atención se desvíe a otro lado. Lo grave es que tienen ínfulas para quedarse en los cargos públicos, en donde la dignidad es prioridad. Claro, de eso algunos lo ignoran.