En Territorio Ancestral se encargan de mantener una tradición

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“Desde que tengo uso de razón he escuchado las melodías que entonan las cantoras. Esta es una de las tradiciones que aún se mantienen vivas en el Territorio Ancestral: Chota, Salinas, La Concepción y Guallupe”, mencionó Gabriela León Chalá, una joven carchense que desde hace varios años reside en Ibarra. Ella es una de las jóvenes que han decidido continuar con esta tradición.

En 14 días iniciará la Semana Mayor y las “Cantoras” ya preparan sus gargantas para entonar las ancestrales salves (cantos) en varias de las iglesias del Territorio Ancestral y, debido a la migración interna, también existen cantoras en ciudades como Ibarra y Quito.

Celebración
Durante la Semana Santa, especialmente en Jueves y Viernes Santo, decenas de personas que residen en ciudades como Ibarra, Quito, entre otras, aprovechan para viajar hasta las diferentes comunidades que conforman la parroquia La Concepción (Mira-Carchi).

En esos dos días, en la cabecera parroquial se desarrollan varios eventos. Por ejemplo: el Descendimiento, el Encuentro, la Misa de las Tres Horas, la Procesión, entre otros. Las cantoras y a cada una de las salves que entonan, asombran, impresionan, estremecen e incluso pueden hacer llorar a varias de las personas que los escuchan.

Son alrededor de 12 personas que conforman el grupo de cantoras. Pertenecen a comunidades como Santa Ana, La Concepción, Cuanbo, entre otras. La particularidad de este grupo es que también cuenta con integrantes varones. Por ejemplo: Hermel Delgado, Fabián Espinoza y Mario Polo.

Un Grupo en Ibarra
María Magdalena de Azaya es un grupo de cantoras conformado por mujeres oriundas del Territorio Ancestral, pero que residen en la capital imbabureña.

Se creó hace más de 10 años y, desde ahí, ha llamado la atención con su canto a los ciudadanos que acuden a la iglesia de la parroquia Guayaquil de Alpachaca, uno de los sectores más populosos de la Ciudad Blanca, para escuchar y participar en la Misa de Viernes Santo.

Doña Luisa Caicedo, integrante de este grupo, en una entrevista anterior con Diario EL NORTE, explicó que: “El objetivo es que las próximas generaciones también conozcan este tipo de alabanzas y no dejar que la costumbre de cantar las salves desaparezca».

“Desde muy pequeña escuchaba en mi parroquia este tipo de cantos. Y siempre tuve presente que tenía que aprender ya que es una herencia que no se puede negar, añadió doña Luisa.

Carlina Espinoza, otra integrante de este grupo, mencionó: “Esto es solo una pequeña parte de la rica cultura que posee nuestro pueblo. Varios son los sentimientos que se transmiten cuando entonamos las salves. Por otro lado, estoy muy orgullosa de continuar con esta linda tradición de ser cantora”.

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