Un pedagogo apasionado por la historia armó un museo sobre el desarrollo de Pimampiro

IBARRA.- Es pedagogo y escritor. Marco Gudiño, jubilado del Ministerio de Educación, es un apasionado de la historia, cuenta los momentos más importantes del desarrollo de Pimampiro como si hubiese sido parte de esos días.

En un inmueble, cerca de la avenida El Retorno, al sur de Ibarra, ha implementado cuatro salas que son parte de un museo, donde hay más de mil piezas características de su ciudad natal, Pimampiro.

En un recorrido por las cuatro pequeñas salas, contó que en este cantón de Imbabura existen mundos distintos: un precolombino, que este ni soñaba con las cosas de la colonia y este último no sabía nada de computadoras, radios, teléfonos. Todo esto es parte de las exposiciones.

El pedagogo cuenta que al ver que Pimampiro no tiene un espacio para la cultura, tuvo que hacerlo él.

La idea de Marco Gudiño es construir un edificio para pasar ahí el museo y expandirlo, ya que actualmente le falta espacio para las piezas. Es preciso en las fechas y asegura que desde que empezó a trabajar en el Ministerio de Educación, en 1984, vive en Ibarra.

Mientras que en Pimampiro estuvo unos 18 años y cuando le tocó estudiar la universidad salió de su ciudad natal y desde entonces no volvió para vivir, pero sí para investigar.

En una última sala del museo, donde llega casi todas las tardes, también tiene expuesto los logros que ha conseguido y los 80 libros que ha escrito, pero de estos 28 han sido publicados.

Mientras tanto, en las demás salas están los personajes principales de Pimampiro, como la familia de Rosendo Tobar, quienes se dedicaron a ayudar con sus conocimientos de medicina a la población de 1959. Marco Restrepo también está en las fotografías que están colgadas en la pared y ubicadas en unas mesas.

De acuerdo a Marco Gudiño, esta última persona permitió el crecimiento de Pimampiro y la creación de la iglesia. Para montar este museo, el exfuncionario del Ministerio de Educación empezó a trabajar desde hace unos 20 años, recorriendo cada uno de los lugares “para recoger evidencia”, dice.

Al cantón también llegó Valentino Scacco, quien introduce el tomate, que de acuerdo a Gudiño, fue la salvación para la economía pimampireña, a tal punto que se comenzó a elegir la Reina del Tomate.