Las declaraciones emitidas, ayer, por Verónica Abad, vicepresidenta del Ecuador, solo reafirmaron lo ya conocido: el perpetuo distanciamiento en el Jefe de Estado y la Segunda Mandataria. Abad acusó al equipo de Daniel Noboa de obstruir su relación política, de hacer pactos “oscuros”, entre otros. Al final aceptó su designación como Embajadora de la Paz en Tel Aviv, Israel, porque argumento que existe un plan de destituirla por incumplimiento de funciones. El episodio debe terminar en este punto y no forzar más explicaciones, todo salta a la vista. Hasta aquí, no se ha vulnerado derechos de la Mandataria, pues sus funciones serán remuneradas y contará con seguridad internacional.
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