Hablar del Carchi es referirse a un territorio donde la fe, la historia y las prácticas comunitarias se entrelazan de manera constante. Desde el puente internacional de Rumichaca hasta El Juncal, la provincia conocida como la Centinela del Norte mantiene una agenda cultural marcada por celebraciones religiosas que convocan a poblaciones locales, migrantes internos y visitantes. Estas manifestaciones se convierten en puntos de encuentro que activan la vida social y económica durante los doce meses del año.
La fiesta
El calendario arranca con una fecha que concentra la atención regional, pero sobre todo, la de los carchenses residentes en Quito. Se trata del segundo aniversario de entronización de Nuestra Señora de la Purificación, conocida como “La Purita”, que es una antesala de su fiesta religiosa oficial, que se conmemora cada 2 de febrero y que es considerada como parte del Patrimonio Inmaterial del Ecuador.
En el marco de estas festividades, el pasado 3 de enero se oficializó el inicio de la celebración en honor a Nuestra Señora de la Purificación. La jornada tuvo como uno de sus ejes la participación de devotos radicados en Quito, quienes organizaron una caravana motorizada hacia la capital ecuatoriana.
El recorrido concluyó en la Basílica del Voto Nacional, donde se desarrolló una eucaristía con motivo del segundo aniversario de la entronización de la imagen mariana en ese templo.
Cultura y otras actividades
Además del acto litúrgico, la programación incluyó espacios de encuentro cultural que reunieron a familias, colectivos y delegaciones provenientes del Carchi. En tanto, la jornada cerró con una noche cultural y la quema de fuegos pirotécnicos, elementos que forman parte del preámbulo de una fiesta reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial.
Estas actividades reflejan la permanencia de prácticas transmitidas entre generaciones, adaptadas a nuevos contextos urbanos.
Sin embargo, más allá del componente religioso, autoridades locales y actores comunitarios observan en estas celebraciones una oportunidad para dinamizar el turismo.
La llegada de visitantes genera movimiento en servicios, comercio y gastronomía, fortaleciendo economías locales. Así, la fe se convierte también en un articulador social que proyecta al Carchi como un espacio de encuentro, tradición y continuidad cultural.