Salió del tradicional barrio La Tola, uno de los más antiguos de Quito en busca de nuevas aventuras y oportunidades fuera de la capital, y el destino le preparó un encuentro con la Cuidad Blanca.
Liliana Alexandra Espinoza Riofrío, estudia artes plásticas en la Universidad Técnica del Norte y su propuesta de trabajo final fue diseñar un libro con ilustraciones que retrate la historia del pueblo Karanqui. Una historia que pueda ser amada, recordada y transmitida por todas las generaciones. Y lo logró. “Mi idea fue hacer un libro sobre la historia de los barrios de Quito, pero al estar viviendo en Caranqui, descubrí que la parroquia y el pueblo tenían mucha una historia que contar.

Trabajo de sacrificio
Liliana, o ‘Lola’ como le dice su madre, lleva en su sangre un poco de las provincias de Loja (por su madre) y Cotopaxi, (por su padre) y por tal motivo la conexión con las raíces andinas fue inmediata. Mientras ojea las páginas de su libro, Lili comenta que es la tercera de tres hermanas, y desde que decidió sacar su título de tercer nivel en Ibarra, sintió que debía ponerle todo su empeño.
Así fue que comenzó a trabajar de mesera, combinando su empleo con los estudios y así poder conseguir recursos económicos suficientes para imprimir su libro, sin auspicios, ni públicos ni privados.
La obra
Dos años transcurrieron entre entrevistas personales, diálogo con la comunidad, ejercicios de observación, investigación bibliográfica, redacción del libro y la ilustración para que el libro saliera a la luz. En su camino se cruzaron nombres de historiadores como Juan Carlos Morales, José Echeverría y Enrique Ayala Mora y nunca estuvo de más, las manos amigas del artista de teatro Diego Páez y de su tutora la diseñadora Paola Villalba.
Para Liliana, el libro tuvo mucha acogida sobre todo en los adultos mayores, algo que le llamó la atención porque estaba pensado para público infantil. “Yo creo que en las personas mayores todavía existe esa conexión con la memoria”, indica la ilustradora.
El texto tiene personajes de la historia del pueblo Kichwa Karanqui con un sello particular. Ellos son quienes cuentan en una historieta la historia milenaria.
“Me siento satisfecha, hubo conexión con el pueblo Caranqui. Me considero parte de ellos y me gustaría crear un proyecto para publicar más historias para que se queden en Imbabura”, agregó.