martes, 26 mayo 2026
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La historia del sacerdote Segundo Abdón Palma Palma permanece ligada a la vida comunitaria de Mira, cantón donde creció entre labores agrícolas, estudios y una formación familiar marcada por la fe. Nacido el 28 de octubre de 1965, en una familia campesina integrada por Julio Abdón Palma y María Marcelina Palma, aprendió desde temprana edad la responsabilidad compartida dentro del hogar y el valor del trabajo diario en el campo. Durante su infancia residió en el barrio La Tola junto a sus hermanos Alba Nohemí, Edmundo Neptalí, Divi Narcisa, Jesús Javier y María del Carmen. Allí combinó las actividades escolares con las jornadas agrícolas familiares, experiencia que, según recuerda, fortaleció hábitos de disciplina y organización del tiempo que posteriormente acompañaron su vida religiosa.

Formación educativa

Sus primeros estudios los realizó en la Escuela General Rafael Arellano y posteriormente en la Unidad Educativa Fiscomisional León Ruales. Años más tarde regresó a esa institución como sacerdote y exalumno, compartiendo encuentros con estudiantes, docentes y miembros de la comunidad educativa.

La ordenación sacerdotal ocurrió el 16 de mayo de 2003. Desde entonces han transcurrido 23 años vinculados a la Congregación de los Sagrados Corazones, institución religiosa donde también inició su profesión religiosa en febrero de 1998. A lo largo de ese tiempo desarrolló labores pastorales dentro y fuera del Ecuador, participando en procesos de acompañamiento comunitario y misiones religiosas.

El sacerdote recuerda que uno de los momentos decisivos para asumir su vocación ocurrió tras el accidente sufrido por su padre, situación que modificó sus prioridades personales y familiares. En ese periodo dejó estudios universitarios y comenzó un proceso de reflexión espiritual más cercano al servicio religioso.

Trabajo comunitario

Dentro de la comunidad mireña también mantuvo cercanía con procesos juveniles parroquiales impulsados décadas atrás. Ruth Tobar, exintegrante del grupo juvenil “Unidos por la Esperanza”, recordó que en aquellos años existía amplia participación de jóvenes provenientes tanto del casco urbano como de comunidades rurales cercanas. Según relata, los grupos parroquiales reunían a decenas de participantes vinculados a actividades religiosas, encuentros comunitarios y misiones impulsadas junto a la Congregación de los Sagrados Corazones.

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