Blanca Esperanza Cárdenas es seguramente la comerciante más popular de la capital de Imbabura. Más conocida como la “veci” de la tienda, ganó rápidamente fama en las redes sociales desde hace un año, cuando apareció en TikTok.
En esa primera escena, en la que simula vender en su quiosco un refresco a un “guambra shunsho”, como ella le dice, se volvió viral. Tiene dos millones de visitas, asegura Xavier Gudiño, joven tiktokero, conocido como Znake, que le invitó a entrar en el mundo de las redes sociales
La creciente fama
Luego, doña Blanquita, incursionó en el mundo de la publicidad de la mano de la agencia Mal Tercio, con Znake. Ahora, la mayoría de los negocios quieren un “sketch” con la “veci”. Es por ello que las personas que navegan por las redes, dentro y fuera del país, la ven promocionando restaurantes, instituciones educativas, emprendimientos… “Hoy somos socios con este guambra mandarina”, señala con una sonrisa, esta ibarreña de 68 años.
El cuartel general de la “veci” es un quisco, ubicado en la esquina de las calles Bolívar y Flores, al pie del vetusto edificio de la exgobernación. Su local parece una caja de sorpresas. Ahí se puede encontrar casi todo. Hay periódicos, refrescos, dulces, entre otros productos. Es prácticamente un palacio para los golosos. Huele a caramelos.
Luciendo siempre un delantal, con el que protege su ropa, la “veci” abre las puertas de su negocio todos los días. Lo hace puntual cuando el reloj de El Torreón, ubicado frente al Parque Pedro Moncayo, en el corazón de Ibarra, marca las 08:00. A las 16:00 cuelga el delantal y se marcha a casa.
La tradición
El negocio es una herencia familiar. Ahí laboraban sus abuelos, María de Jesús Rivera y Manuel Antonio Cárdenas. Los dos comerciantes llegaron desde el Carchi y establecieron el negocio, en la misma esquina, sobre una mesa, en la que vendía periódicos, loterías y caramelos. Ahí y en el vecino parque, la pequeña Blanquita creció. Ya adulta se puso al frente del negocio, del que conocía todos los secretos.
La ubicación estratégica de su quiosco le permitió conocer prácticamente a todos los gobernadores, prefectos y alcaldes que han desfilado por la historia local.
“¿Cómo está, gordita?”, por ejemplo, le saluda Pablo Jurado, exprefecto y actual asambleísta de Imbabura, cada vez que pasa. “Mi pana”, resume esta mujer, más ibarreña que el arrope de mora.
Con este trabajo eduqué a mis cinco hijos. Cuatro ya son profesionales y a la última la tengo en la U., asegura con un desdén de orgullo.
Su última incursión en las redes fue como la Reina de Ibarra, con banda en el pecho y toco. Pero, como la “veci” tiene un corazón de oro, le permitió tomarse una fotografía junto a ella a Amber Villa, la soberana verdadera. “Suertudos los ibarreños, esta vez tienen dos reinas”, comenta bromeando como siempre.