sábado, 8 agosto 2026
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Cuarenta y seis años después de convertirse en cantón, Mira vuelve la mirada hacia uno de los procesos más representativos de su historia.
La fecha recuerda el esfuerzo sostenido de ciudadanos que, durante varios años, impulsaron gestiones, recorrieron comunidades y buscaron respaldo institucional para alcanzar la autonomía administrativa.

El movimiento comenzó a fortalecerse en 1976 con la conformación del Comité Cívico Pro-Cantonización, organización que canalizó las aspiraciones de la población y promovió la propuesta de convertir a Mira en cantón para acceder a mejores servicios y mayores oportunidades de desarrollo.
A esa iniciativa se sumaron residentes en Quito y estudiantes mireños, quienes respaldaron las gestiones desde la capital ecuatoriana.

Los jóvenes

Además de realizar trámites ante instituciones nacionales, los jóvenes visitaron parroquias y comunidades para dialogar con la población y recopilar firmas en apoyo al proyecto. Paralelamente, las colonias de mireños radicadas en otras ciudades del país e incluso en el exterior aportaron con gestiones y respaldo permanente al proceso.

En tanto, la Banda Los Satélites acompañó distintos momentos de la movilización. Sus interpretaciones del Himno de los Mireños, “El Chinchinal”, estuvieron presentes tanto en la aprobación legislativa del proyecto como en la posterior firma del decreto presidencial, convirtiéndose en un símbolo de unidad para la población.

En los ochenta

La iniciativa atravesó varios intentos antes de consolidarse. Dos proyectos iniciales no prosperaron, pero la organización comunitaria mantuvo las gestiones hasta presentar una tercera propuesta en septiembre de 1979, que finalmente avanzó en el Congreso Nacional. El 7 de agosto de 1980 la Asamblea Nacional de Representantes aprobó por unanimidad la creación del cantón.

El paso definitivo llegó el 18 de agosto de 1980, cuando el presidente Jaime Roldós Aguilera firmó el Decreto de Cantonización.
Horas después, una caravana regresó a Mira con la noticia que fue recibida por cientos de habitantes entre campanas, música y reuniones comunitarias. Desde entonces, esa fecha permanece como un referente histórico para varias generaciones, que hoy recuerdan el proceso como una construcción colectiva basada en organización, perseverancia y participación ciudadana.

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