Colombia vive una de las transiciones presidenciales más tensas de su historia reciente. Abelardo de la Espriella, proclamado presidente electo por el CNE tras una ajustadísima segunda vuelta frente a Iván Cepeda, se prepara para asumir el 7 de agosto en medio de un choque abierto con Gustavo Petro. El mandatario saliente suspendió el empalme, cuestionó la legitimidad del proceso electoral y ahora prohibió el uso de instalaciones militares para la posesión, alegando que sigue siendo comandante supremo hasta el último minuto de su mandato. El equipo entrante, por su parte, insiste en jurar en una guarnición militar como homenaje a la fuerza pública, mientras el Congreso deberá resolver el pulso jurídico. Este diario ya lo advirtió cuando ganó De la Espriella: la polarización extrema, alimentada desde ambos bandos, erosiona las instituciones y pone en riesgo la convivencia democrática. Colombia necesita diálogo, no trincheras.