viernes, 21 agosto 2026
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En una sala iluminada por la calidez de su voz más que por la luz del sol, Juan Puma enseña a un adulto mayor a deslizar sus dedos sobre la pantalla de un teléfono. El hombre, que hasta hace poco creía imposible aprender a usar un dispositivo móvil sin ver, sonríe cuando logra abrir YouTube por sí mismo. “No es magia, es paciencia y voluntad”, dice Juan, promotor de las personas con discapacidad visual en la Unidad de Grupos de Atención Prioritaria del Municipio de Ibarra. 


Puma, oriundo de Ibarra y miembro de la Asociación de No Videntes de Imbabura, lleva 17 años viviendo con una discapacidad adquirida. Al recordar los primeros días, no oculta que fueron duros: ansiedad, miedo, confusión. “Cuando uno pierde la vista, pierde también la referencia del mundo. Rehabilitarse no es cuestión de semanas; es aprender a empezar desde cero”, relata. 

Dedicación y enseñanza 

Puma se ha dedicado seis años a formar a personas con discapacidad visual para que logren autonomía. Sus clases abarcan desde orientación y movilidad con bastón hasta el manejo de tecnologías adaptadas: teléfonos con asistentes de voz, computadoras con lectores de pantalla, y el aprendizaje del sistema Braille. 

Metodología 

El trabajo de Juan no es un taller masivo; es un acompañamiento a la medida de cada usuario. Atiende entre cuatro y cinco personas al día, dos horas por sesión, y ha trabajado con niños de apenas cuatro años y adultos mayores. “Cada proceso es distinto. La persona que nace sin ver construye el mundo a través de la imaginación; la que pierde la vista lo reconstruye desde la memoria. Ambas necesitan herramientas y confianza”, explica. 

Su lema, “Vivir y dejar vivir”, resume su filosofía.

 Para él, la independencia no solo libera a la persona con discapacidad, sino también a su familia, que deja de sentir que debe sobreprotegerla. 

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