Reclinado sobre el motor de un autobús, repleto de pernos y piñones, William Rolando Grijalva Méndez realiza unos ajustes. El olor a gasolina inunda el ambiente. Sus manos y ropas lucen manchadas de grasa.
Aunque es un experto en reparar vehículos, no es un mecánico cualquiera. El maestro Rolando, como le dicen sus clientes, es una persona muy especial. Aunque perdió totalmente la visión hace dos años, este artesano de 50 años de edad, sigue reparando carros.
Su potencial
Rolando Grijalva usa el tacto y el oído. Pero, principalmente, los conocimientos que quedaron grabados en su mente.
Su indumentaria la completan unas gafas oscuras, que protegen sus ojos de las basuritas que nunca faltan en este complicado oficio.
Su lazarillo
“Carapaaaz páseme la llave 7”. Con un grito, Grijalva da una orden a Andrés Chaquiguano, su ayudante. El muchacho atiende ágilmente el pedido. Sin embargo, Chaquiguano no es un asistente cualquiera. Es su lazarillo. La persona que guía y pone a su maestro frente a los motores, llantas o mangueras que están averiadas.
La vida de Grijalva es un ejemplo de lucha y superación. Pero, no siempre fue así. En el 2023, cuando quedó ciego, a causa de la toxoplasmosis, una infección causada por un parásito que se transmite desde un gato, se deprimió muchísimo. Incluso pensó en quitarse la vida.
Pero, pudo más su fe en Dios. “El Señor es maravilloso. Me ayudó. Le prometí seguir adelante si me quitaba unos dolores terribles que tenían en los ojos. Él cumplió y yo también”, señala sonriendo.
Superó las barreras
Cada mañana viaja en bus desde su casa, ubicada en La Esperanza, hasta Ibarra, donde está su taller El Colorado. Ahí atiende junto con su hermano, Kléver, y su sobrino Bryan Grijalva.
En ese lugar les esperan sus agradecidos clientes, como Bolívar Burgos, a quien arregla su camioneta desde hace más de una década, calcula.