La energía nuclear, potente y de bajas emisiones, plantea una interesante alternativa para diversificar la matriz energética del Ecuador. La fisión del uranio puede generar electricidad de forma continua, sin depender del clima, lo cual es una ventaja frente a otras fuentes renovables. Sin embargo, hablar de energía nuclear en el país exige más que entusiasmo: requiere madurez técnica, institucional y política. Ecuador aún enfrenta desafíos estructurales como el abandono de grandes obras, escaso mantenimiento y una gestión pública a menudo marcada por la improvisación o la corrupción. ¿Estamos preparados para asumir con responsabilidad un proyecto de esta envergadura y largo plazo? ¿O será otro “elefante blanco” de promesas sin sustento? El debate no puede quedarse en el anuncio. La ciudadanía merece respuestas claras, transparencia y una planificación seria. La energía nuclear no es un juego político: es un compromiso con la seguridad, el futuro y la vida misma.
