En una tierra donde la madera guarda memoria, el nombre de Hernán Gabriel García “hace eco” entre gubias, pigmentos y saberes heredados. A sus 57 años, este maestro oriundo de San Antonio de Ibarra representa la quinta generación de artesanos que ha hecho de la escultura en madera no solo un oficio, sino una forma de preservar la historia “viva” de un pueblo.
Se adentró en el arte
La historia de Hernán García comenzó en el taller familiar, donde la escultura entró en su vida cuando apenas era un niño.
“Desde los 12 años ya había una cercanía a la escultura, porque todo lo que aprendimos, aprendimos de papá”, enfatizó García.
Además, Hernán heredó de su padre no solo el oficio, sino también la fidelidad a las técnicas de la antigua escuela quiteña, en que impera la talla minuciosa, el estudio de la proporción y los acabados de policromía.
Esculpir para conmover
Para Hernán García, tallar una imagen no consiste únicamente en alcanzar perfección técnica. Cada obra debe provocar una emoción.
“Yo lo que he querido hacer siempre es hacerlo con más pasión”, manifestó.
Cuando talla una Virgen, busca algo más que belleza. “Cuando yo vea esa virgen, tiene que uno experimentar esa vocación… que la virgen me inspire”.
Casa de Arte: un sueño de los García
La historia familiar tomó forma concreta con la creación de Casa de Artes Talleres, un proyecto que nació de un sueño compartido con su padre.
Gabriel García imaginaba un gran taller donde no buscaran a un solo escultor, sino a toda la familia. “Papá decía: yo quiero tener un taller grande donde no le vengan a buscar ni al Cruz, ni al Hernán, ni al Marcelo; simplemente vengan a buscarles a los García”.
Allí, actualmente, Hernán talla y su esposa, Magaly, se encarga de la policromía. “Tenemos la química de corregirnos y de ver lo que muchas veces no vemos”, explica.
Su arte rompe fronteras
Las esculturas de Hernán han llegado hasta México y Guatemala. Esa experiencia le permitió comprender el valor singular de lo que todavía conserva San Antonio.
