Cada 11 de octubre, el Día Internacional de la Niña convoca a la humanidad a reconocer la voz, la capacidad de actuar y el liderazgo de las niñas. Este 2026, el lema, creado junto con organizaciones sociales, exige acciones urgentes para poner fin al matrimonio infantil e invertir en sus derechos. Las cifras son difíciles de ignorar. Cada año, más de 12 millones de niñas se casan antes de ser adultas. Eso equivale a una cada tres segundos. El África Subsahariana registra la mayor proporción, con un 31 %, pero el problema no conoce fronteras. Casarse siendo niña significa, muchas veces, dejar la escuela, correr riesgos de salud y quedar expuesta a la violencia. También deja huellas profundas en la mente: aumentan el aislamiento, la depresión y la angustia, en una etapa en la que el suicidio ya figuran entre las principales causas de muerte de las adolescentes de 15 a 19 años. Toda niña merece vivir su infancia, aprender, crecer y decidir su futuro. Proteger ese derecho no es solo tarea de un gobierno. Esta requiere leyes firmes, escuelas abiertas y comunidades que las escuchen.
