La reciente narco fiesta celebrada en una finca cerca de Guayaquil pone en evidencia la preocupante convivencia entre el crimen organizado y ciertos sectores de la sociedad ecuatoriana, estrellas de televisión, influencers, familiares de expresidentes, y hasta artistas internacionales. Era la fiesta de cumpleaños de Celso Moreira, un narcotraficante con antecedentes penales, que reunió también a otros personajes con extensos historiales delictivos. Lo más indignante es el costo del evento, que supera el medio millón de dólares, cuando en el país madres de familia organizan el día, con solo un dólar en la mano. Lo actuado no solo es un derroche de riqueza mal habida, sino una muestra descarada de impunidad que campea a diestra y siniestra en la mitad del mundo. Pero lo realmente alarmante es que exagentes de policía y conocidos delincuentes se sientan lo suficientemente seguros para asistir a tales celebraciones en espacios abiertos.
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