Entre granos andinos y ceremonias ancestrales, Kurikancha, la denominada “Plaza de la Vida”, recibió a cientos de visitantes durante la celebración del Inti Raymi 2026. El espacio comunitario y agroecológico, ubicado en el sector de El Ejido, en Ibarra, fue escenario de la ceremonia del Inti Watana, un encuentro que busca fortalecer los vínculos entre productores, consumidores y comunidades.
El “corazón” de Kurikancha aún late, y una de las personas que le da pulso es Luzmila Vásquez, dinamizadora y coordinadora de este lugar.
“Celebramos conjuntamente con todas las personas que participan, desde lejos y desde cerca, una conexión entre el campo y la ciudad”, enfatizó Vásquez.
Agradecimiento a las energías
Luzmila, quien expresó sus palabras desde el altar central de Kurikancha, inició con un acto de gratitud a las cuatro energías fundamentales de la cosmovisión andina: el Padre Sol, el Padre Viento, la Madre Tierra y la Madre Agua.
“Somos parte de esas cuatro energías y las llevamos en nuestro cuerpo”, manifestó Vásquez durante la presentación del evento.
Recuperación
En su mensaje, Luzmila enfatizó sobre la recuperación de semillas nativas y alimentos tradicionales que han desaparecido progresivamente por la falta de consumo.
“Hemos perdido mucho el maíz negro, que ayuda a limpiar y purificar el organismo. Si no hay consumo, ¿para qué sembrar? Ahí es donde los productos van desapareciendo”, manifestó.
Sus inicios
Kurikancha surgió por iniciativa de mujeres indígenas y campesinas para crear un espacio de comercialización agroecológica y conservación de saberes ancestrales.
Según relató Vásquez, la adquisición del terreno fue resultado del esfuerzo colectivo de decenas de familias que enfrentaron dificultades para acceder a espacios públicos permanentes.
“Este espacio es nuestro y por lo tanto podemos desarrollar libremente nuestras ceremonias, compartir nuestras prácticas”, dijo Luzmila.
